Encefalopatía hipertensiva

La encefalopatía hipertensiva es muy poco frecuente y afecta a sólo el 1% de las personas que sufren de hipertensión arterial. La persona afectada es generalmente de sexo masculino y de edad media. En el momento de su descubrimiento se le asociaron síntomas que incluían hipertensión severa, inflamación aguda del riñón o nefritis, y la disfunción cerebral.

Sin embargo la definición de la encefalopatía hipertensiva ha sido modificada. Ahora se hace referencia a la disfunción neurológica transitoria y reversible en una persona que está experimentando la fase maligna de la hipertensión.

Otras causas de esta afección incluyen nefritis aguda, la interrupción repentina del consumo de fármacos antihipertensivos, síndrome de Cushing y ​​trombosis de la arteria renal. Las mujeres embarazadas que sufren de preeclampsia o eclampsia, así como los consumidores de drogas que toman cocaína, LSD y anfetaminas, también están en riesgo de padecer esta condición.

Una persona con esta condición suele quejarse de repentino dolor de cabeza severo, mareo, confusión, visión borrosa o alterada, náuseas, vómitos y convulsiones. Cuando el médico examina los ojos del paciente, se observa papiledema o hinchazón del disco óptico, junto con hemorragias y manchas algodonosas. Estos hallazgos sobre el fondo de ojo se conocen colectivamente como cambios en la retina de grado IV y significan un aumento de la presión intracraneal.

Normalmente, el flujo de sangre se mantiene a través del cerebro, a pesar de los cambios en la presión arterial. Incluso si la presión arterial sistólica de un individuo aumenta de 60 a 150 milímetros de mercurio (mmHg), el suministro de sangre no estaría comprometido debido a un proceso llamado autorregulación, en el que los pequeños vasos sanguíneos llamados arteriolas se contraen en respuesta a una disminución de la presión sanguínea, mientras que se dilatan en respuesta a un aumento de la presión arterial.

Cuando el mecanismo de autorregulación falla en el rango superior de la presión arterial, el resultado es la dilatación de los vasos sanguíneos y la perfusión excesiva del cerebro. Por consiguiente, el objetivo de la terapia es disminuir la presión arterial para restaurar la perfusión normal, de ahí que el tratamiento de la encefalopatía hipertensiva consista en la administración de fármacos como la nicardipina, el labetalol y el nitroprusiato, que ayudan al dilatar los vasos sanguíneos y reducir la presión arterial.